Profesor: Jorge Tomás Fernández Torres
1º ESO - Aula: 1 ESO D
Microrrelato:
Había muerto, hace tiempo, en aquel trágico accidente. Mi familia, dolida por mi
pérdida, me criogenizaron, para reunirme con ellos en algún momento. Desgraciadamente,
fallecieron antes de que su sueño se hiciera realidad. Aunque eso sí llegó a suceder,
exactamente en el 2000, cuando el Dr. Frankenstein, reconocido por su ciencia de creación
de órganos, usó la electricidad para darme vida en el proyecto ¡VIVO!
Cuando desperté, noté algo raro en mí. No era el mismo de siempre. Mi alma estaba
viva; mi cuerpo, inerte. Entre una delgada línea de gozo y sufrimiento.
Solo en este mundo, aunque demasiado acompañado. Prefería la tranquila y
silenciosa “vida” que me ofreció la muerte. Si no podía gozar del reposo eterno, debería
ofrecérselo a todo el mundo.
El doctor se ofreció a cuidarme. Él veía en mí un reflejo. Yo discrepaba. Cuando
llegué a su casa, me sentí más querido que en toda mi vida. Sentí algo tan especial por su
esposa, que quería que ella fuese la primera en disfrutar del oscuro y silencioso abrazo de
la muerte. Cuando él se fue a trabajar, la empujé por la ventana y, mientras caía, sentí que
había ayudado a esa pobre mujer, que vivía atrapada en el barullo de la ciudad y la vida.
Recuerdo cuando tocó el suelo, todo se cubrió de rojo, notando algo nuevo en mí. Ni alegría
ni tristeza, Satisfacción. Había asistido a apagar la luz de sus ojos. Comprendí: es la meta
del castigo que el mundo me había otorgado. Yo, su Ángel, les mostraría el milagro de la
muerte y la pérdida.
Intentaron acabar conmigo, negándome, pues, aunque quería volver a la paz,
también debía compartirla con el mundo. No habría fuego que acabase con mis ganas de
compartir con el mundo el deseo de dejar de sentir.
Obra de referencia:
Frankenstein (Mary Shelley)