Profesor: Inmaculada García García
2º ESO - Aula: 2º A
Microrrelato:
Tempestad
Acudí al acantilado aquella tarde de noviembre para despejar mi mente. Llevaba mi chaqueta puesta,
pantalones largos y mocasines. Entre la neblina divisé a mi hermano. Reunirnos allí era ya casi una
costumbre. Él llevaba su gorro rojo de siempre, su chaleco de pescador de siempre y sus botas de siempre.
Nos seguimos acercando. Cuando nos encontramos nos saludamos fríamente y me preguntó cómo había
ido la semana.
—Bien —, le respondí. La respuesta de siempre para la pregunta de siempre —. Sin más.
Seguimos conversando, sentados en el banco de siempre, mirando las olas venir. Mientras hablábamos de
nuestras cosas, los recuerdos de un accidente en el pasado que quedó en un susto me atormentaban.
El bote sacudiéndose, chocando contra las olas…
—¿Qué tal por el banco?
—Igual que siempre—, le contesté—. Invertimos más y ganamos más. Desde hace años el mercado de
valores es más predecible que nunca. Prácticamente el dinero se invierte solo.
Los truenos retumbando sobre el mar…
—Pues en mi trabajo todo va mejor que nunca —, dijo él —. El mercado del pescado está en auge.
—No me hables de eso —, le corté —. Sabes que ni a nuestra madre ni a mí nos ha gustado nunca que,
precisamente viviendo junto a este mar tan bravo, entres todos los días en tu minúsculo bote a pescar.
Los cubos cayendo al agua por las continuas sacudidas…
—Llevo ya quince años en el oficio, no hay nada de qué preocuparse.
La luz del faro, parpadeante a lo lejos, y casi indivisible entre la niebla…
—Pero cualquier día te pasará algo…
Mi hermano cayendo del bote.
Me saqué aquellos pensamientos de la cabeza, y al fin noté una cálida mano sobre mi hombro.
—James, deja ya de pensar en él. Ya hace dos años de la tormenta. No fue tu culpa.
Obra de referencia:
Moby Dick, Herman Melville