Profesor: Marisol Fortea Ferre
2º BACHILLERATO - Aula: D
Microrrelato:
Si pudiera alguien dormir, definitivamente no se trataba de ella. Quien no tiene derecho a un
cuerpo no tiene derecho al descanso.
Él sí que tenía la capacidad de dormir, aunque lo lograra a duras penas; puesto que si ella,
que habitaba en él, no dormía, no quería que durmiera nadie.
Ella, debido al cansancio y desconsuelo que le generaba habitar en las limitaciones de él,
agonizaba. Sus chillidos resonaban como pasar las uñas sobre una pizarra porque por doler
le dolía hasta el aliento. Sentía el peso de sus huesos, demasiado densos, y como se
rozaban y crujían al encogerse sus rodillas, tenía las piernas demasiado largas; sentía cada
hebra de vello que cubría su cuerpo como si se tratará de moho, que convertían a su cuerpo
en un cadáver putrefacto; sentía la carga sobre sus hombros, que cuanto más trataba de
encoger más enormes se hacían. Se sentía monstruosa, habitando un cuerpo, que
creciendo por minutos, le asfixiaba.
Él entendía sus lamentos. Entendía porqué no podía ser solo una fantasía. Entendía su
necesidad de ser real. La muchacha se le aparecía en sueños, las pocas veces que le
dejaba dormir y, a veces, incluso en su reflejo.Le gustaba y asustaba que se le apareciese,
porque eso significaba que era más cercana. Significaba estar más cerca de los vestidos
que llevaba, de su pelo largo, de su sutileza, de ser abrazada, querida, amada incluso.
Significaba estar más cerca de su nombre, fuera Juana o fuera María. Significaba estar más
cerca de ser ella.
Hoy por hoy le tocaba aguantar sus gritos, sus llantos y su cansancio, con el único consuelo
de un día levantarse y empezar a ser esa mujer hermosa. Hoy por hoy solo era un niño, hoy
se iba a dormir un chico.
Obra de referencia:
La familia de Pascual Duarte