Profesor: Ana Pilar García Esteban
1º ESO - Aula: 1ºA
Microrrelato:
Pero de pronto comprendo que es cierto:
Graham no ha dejado de desvanecerse. Cada segundo que pasa se hace más transparente. No puedo decírselo. No quiero decirle que el plan no ha funcionado, porque debería haberlo hecho. Tenía que funcionar. Pero no ha sido así. Casi ha desaparecido del todo.
-No ha funcionado- dice Graham por fin, rompiendo el silencio-. Lo noto. Pero no te preocupes.
-Tendría que haber funcionado. Si Meghan ha escrito bien esas palabras, ha sido gracias a ti. Te necesita. Ahora lo sabe. Tendría que haber funcionado.
-Pero no lo ha hecho- replica Graham-. Lo noto. Me lo noto en el cuerpo.
-¿Te duele?
Al instante me arrepiento de habérselo preguntado. Me siento culpable porque en realidad lo pregunto por mí. No por ella.
-Doler, no duele. Nada. -Aunque me cuesta distinguirle la cara-. Siento que soy libre.
Siento que soy libre.
-Tiene que haber algo que podamos hacer- le digo.
De repente una voz llama a Graham. Es Meghan. Graham se va un momento y me deja solo. Veo una luz que brilla a través de la ventana y, de pronto, Graham desaparece ya se que ya no está aquí. Noto su ausencia. Una lágrima recorre mi mejilla. Ahora entiendo por qué los amigos imaginarios estamos aquí y no nos podemos enfadar con nuestros amigos por dejar este mundo y desaparecer. Estamos aquí para ayudarlos a hacer amigos, superar los miedos y traumas infantiles, y, cuando ya no nos necesiten más, será el momento de desaparecer y dejarlos que continúen sin nuestra ayuda ya que, cuando crezcan, no dependerán de nosotros.
Nos corresponde ayudarlos hasta que crucen la meta. A partir de ahora no me agobiaré pensando que voy a desaparecer, sino en cómo ayudar a Max a superar lo suyo.
Obra de referencia:
Memorias de un amigo imaginario, de Matthew Dicks