Profesor: Rocío Morán Torres
1º ESO - Aula: 1º E
Microrrelato:
Alicia observaba al conejo, que miraba su reloj con ansiedad, como si el tiempo fuera su peor enemigo.
—¿Sabes dónde estoy? —preguntó Alicia, confusa por la rapidez con la que todo sucedía allí.
El conejo, con ojos llenos de intriga, señaló hacia el horizonte, donde un sombrero gigante flotaba en el aire.
—El País de las Maravillas es un lugar donde nada es lo que parece. Lo mejor que puedes hacer es seguirme… si no quieres perderte —dijo el conejo enigmáticamente.
Antes de que Alicia pudiera preguntar más, el conejo desapareció por un sendero sinuoso que se adentraba en un bosque de árboles parlantes. Sin pensarlo, Alicia lo siguió.
Los árboles parecían inclinarse hacia ella, susurrando secretos con sus ramas. A lo lejos, una oruga azul se deslizaba por un tronco, su cuerpo enrollándose en una espiral infinita.
—¿Quién eres? —preguntó la oruga, sin apartar los ojos de su cigarro.
—Alicia —respondió ella, titubeante.
—¿Y qué haces aquí? —inquirió la oruga, exhalando una nube de humo azul que envolvió su rostro.
Alicia no sabía qué responder, pero antes de que pudiera articular una respuesta, un gato sonriente apareció, suspendido en el aire.
—No te preocupes, querida Alicia —dijo el gato, reflejando la luna—. Aquí todos estamos un poco perdidos, pero lo importante es disfrutar del viaje.
Con el corazón latiendo rápido, Alicia avanzó. La aventura comenzaba.
De repente, el suelo se transformó en un tablero de ajedrez gigante. Una voz retumbó: "¡Peón D4!". Alicia, desconcertada, sintió un empujón invisible. ¡Era una pieza más del juego!
Mientras intentaba entender la situación, vio a la Reina Roja dando órdenes a sus peones, mientras la Reina Blanca movía las piezas con calma y estrategia.
Obra de referencia:
Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll