Profesor: Maribel Salcedo Alonso
2º BACHILLERATO - Aula: 2º Bachillerato C
Microrrelato:
Leyendas de Aldeacorba
Después de días de travesía, llegué finalmente a mi destino. Me hallaba ante el lugar que, mucho tiempo atrás, el célebre doctor Teodoro Golfín había descrito en sus libros. Y, sin embargo, el paisaje que ante mí se levantaba era infinitamente más perturbador.
Tras aquella catástrofe en las minas, el cráter descrito por Golfín, inundado por colosales orgías de disformes demonios, era ahora una macabra representación de alguna remota, terrible guerra que hubiese desmembrado y aniquilado a todos ellos. El silencio, definido por Golfín como aullidos que hubiesen quedado petrificados, era ahora mucho más ruidoso. Pareciera que, con aquella guerra, los gritos hubiesen roto la piedra que los retenía y vagasen sin rumbo por las paredes del cráter.
Me alejé de allí lo más rápido posible, las palabras de Teodoro Golfín formándose ante mí como un mapa que me guiaría hasta el final de las minas, al mitificado pueblo de Aldeacorba, mi objeto de estudio.
Muchos turistas habían pasado por allí, casi ninguno después del accidente, natural pero devastador, que convirtió el pueblo en ruinas y con él todas sus historias, que yo estaba dispuesto a desenterrar. El principal punto de interés era el espléndido sepulcro de la bella y noble María Manuela que, sin embargo, no era mencionada en ningún momento por Golfín. Había algo extraño en ese asunto, y yo iba a descubrirlo.
Me acerqué a la legendaria tumba, y encontré una cajita de madera. ¡Curioso hallazgo! Dentro había una carta de Pablo. Reconocí su nombre, un ciego a quien, milagrosamente, Golfín había devuelto la vista. Contaba, a la humilde Marianela, cómo el mundo perdió su encanto al recobrar él la vista. La verdad asomaba entre sus palabras, y con ella, recobré yo la vista. ¡Cómo engañan las leyendas, el tiempo y la humanidad!
Obra de referencia:
Benito Pérez Galdós. Marianela