Profesor: Cristina López Gámez
2º BACHILLERATO - Aula: 2ºBachillerato A
Microrrelato:
Pero la niña creció, y todo a su alrededor se oscureció. Cerraron puertas y ventanas; y ella las golpeaba buscando ayuda, pero nadie la escuchaba. Y seguía aporreando las ventanas, hasta ver sangre en sus manos. Y entonces volvía al suelo, el frío y duro suelo, su único acompañante. A la mañana siguiente, volvía a intentarlo, y con las cicatrices en sus manos, golpeaba las maderas que cubrían las ventanas y puertas. En ocasiones, parecía que entraba un rayo de sol entre las rendijas, otras veces, parecía que la puerta del jardín estaba abierta. Y la niña corría, corría con todas sus fuerzas, pero sentía como una cuerda tiraba de ella hacia el interior de nuevo; sabiendo todos sus esfuerzos insuficientes. Y allí estaba otra vez sola, entre las monstruosas sombras, en la oscuridad.
Pero entonces, cuando todo parecía perdido, alguien abrió la puerta. La llamaban, venían a ayudarla. Pero fue entonces cuando la niña, aunque nunca lo admitiera, tenía miedo de salir. Tenía miedo de la sombras, sí, pero eran sus sombras, y aunque lo único que hiciera fuera pedir ayuda, en el fondo, tenía miedo al exterior y acostumbrada, se sentaba dentro de la casa, negándose a salir. Le tendían la mano, y la niña la tomaba, pero se soltaba, y volvían al inicio.
Sus ojos se inundaban cuando veía la foto de la niñita del vestido verde. Las lágrimas recorrían su rostro, sin encontrar mayor obstáculo que sus marcados huesos. Veía la radiante sonrisa de la niña y solo podía preguntarse dónde había ido aquella niña, aquella alegría, y por qué todo ahora suponía tanto dolor, tanto sufrimiento. ¿Por qué no podría volver el verde? Pero claro, cómo escapar de las sombras, si es uno mismo el que se esconde del sol.
Obra de referencia:
"La casa de Bernarda Alba" de Federico García Lorca