Profesor: María Azor Mirón
1º ESO - Aula: No somos invisibles
Microrrelato:
¿Una silla? ¿Por qué solo queda una silla? Cada noche me sentaba frente al espejo y me preguntaba quién era esa persona que veía. Mis ojeras, reflejadas en el cristal, me recordaban el cansancio acumulado. Sin embargo, lo que más me pesaba era no reconocerme.
Por la mañana me desperté y seguía sin reconocerme. Quise cubrir mis ojeras, pero estaba demasiado cansada. Fui al colegio; todos me miraban despreciándome.
A veces desearía ser como el agua, transparente, pero hay veces que está tan cristalina que se puede ver el reflejo de lo que sea. Ojalá yo me reflejase en Mía; ella es perfecta y no invisible como yo.
Su pelo es pelirrojo como el coral; sus ojos, como un reflejo del cielo en el agua.
Mi abuela siempre me ha dicho que soy como el agua, que sin mí no podría vivir nadie.
Tocaba clase de Lengua. Teníamos que hacer una redacción. Mía empezó: iba del finde perfecto que había pasado con sus amigas. La miré con envidia y me di cuenta de que no era tan perfecta como yo pensaba. Y supe que lo que me dijo mi abuela era verdad. El coral se pudriría sin agua y el reflejo se iría.
Eso me hizo pensar en que, si yo no estuviese, Mía no sería más importante que yo…
Mía siempre ha sido amiga de la familia.
Esa tarde vino a casa; estuvimos hablando. Al girarme, vi sus ojeras reflejadas en el espejo. Ella tampoco era perfecta... Le acerqué una silla y charlamos durante horas.
Esa noche miré las dos sillas junto a mi escritorio y sentí algo nuevo: no estaba sola. A la mañana siguiente, solo quedaba una silla. Me miré al espejo y me pregunté: ¿por qué queda solo una silla?
Solo yo. Nadie más.
Obra de referencia:
El libro que hemos leído en clase es “Invisible” escrito por Paul Auster. Trata sobre un chico llamado Adam Walker que, mientras cuenta su historia, lo que sufre, lo que siente y cómo le hacen sentir.