Profesor: María Lucaya Castán
4º ESO - Aula: 4º eso 24-25
Microrrelato:
Cada día pasa.
Estación tras estación yo me quedo aquí, anclada al suelo que me tiene por prisionera. Ya nadie se me acerca ni me admira. Soy una más con el decorado, una sombra entre la belleza. ¡Ni mirarme a parar se quedan! Nadie ve mi potencial, el arte que duerme en mí y debido a ello, me fundo con las sombras del salón. Llevo ya meses así, sucia y olvidada. Paso mis días en un letargo sin fin, esperando a que alguien venga y me arranque del silencio las historias que tengo por contar.
Nunca pensé que alguien fuera capaz de tal tortura. Como si la lámpara a su genio le fuera olvidada.
Seguían pasando los días, llegó el invierno, y al mirar por la ventana, vi como un leve susurro blanco despertaba en las ramas del árbol más cercano. Yo seguía dentro, desesperada por que, como el surco grácil del ave, alzara el vuelo una voz que dijera “Levántate y anda”, para así poder desplegar los sueños de mi largo aletargamiento.
Pero hoy, mi fe ha resurgido. Veo a un hombre, sentado en la luz. Tiene en sus manos un cuaderno y parece que algo está bocetando. Levanta la mirada y me mira, en sus ojos se refleja una profunda pena, pero también se atisba un halo de promesa. Me alienta pensar que él puede ser el hombre al que llevo años buscando. Él ha sido el primero que me ha visto sin pasar de largo, dándose cuenta de mi presencia. Entonces es cuando todo se tuerce. El hombre se levanta y se marcha, cortando el hilo del que pendía mi esperanza.
Afligida, vuelvo mi vista a la ventana, en la cual se refleja la estancia donde silenciosa y cubierta de polvo veíame, el Arpa.
Obra de referencia:
Bécquer, Rima VII