Profesor: Marta Bernal Jiménez
4º ESO - Aula: a
Microrrelato:
¡SILENCIO!
Hay muchas clases de silencio. Dentro de los que se basan en la ausencia de palabras, tenemos los
reconfortantes, los enfadados, los perdidos y los acabados. Pero hay otra clase de silencio del que no me había
percatado: el silencio a voces. Voces que rebotan en las blancas paredes y las vuelven menos blancas,
diciéndote todo lo que las palabras jamás podrán abarcar.
Y en la casa de Bernarda Alba, entre paredes negras noche, he encontrado una clase de silencio que no creí
posible: el silencio en las voces. Cada uno actúa según se espera de ellos, cada uno responde lo que deben
cuando deben; y así, las voces se vuelven silenciosas. ¿Cuál es el poder y esencia de una voz si está no tiene
nada que decir, nada por lo que ser escuchada? A veces gritamos e insultamos y nos enfadamos unos con otros,
otras veces susurramos promesas de felicidad; pero sea cual sea el estado de tu voz, siempre hay algo que
intentas decir, por torpe que sea la expresión o difícil el mensaje. Nuestra voz puede ser vocal, escrita, pintada
o señalada, pero, siempre y cuando nos seamos fieles, es nuestra. Y entre las paredes negras y las ventanas
cerradas de la casa de Bernarda Alba, todo son voces silenciosas, pues la única con voz grita: “¡Silencio!”.
Obra de referencia:
La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca