Profesor: Elena Viedma Marín
1º BACHILLERATO - Aula: 1º BACH LU-E
Microrrelato:
El viento silbaba por los caminos empedrados hacia Camelot. Por ellos caminaba Lancelot con su armadura plateada teñida de marrón debido al polvo.
Observaba su oxidada espada mientras caminaba. La luna podía reflejar algo en ella que Lancelot desconocía. Era un caballero sin escudo, solo portaba una capa oscura como la nada. Debajo de él se podían apreciar unas letras escritas que representaban el nombre del distinguido, Caballero del Olvido.
-Ha sido olvidado. Tu nombre no significa nada-le decía con tono burlón.
Lancelot desenvainaba su espada y atacaba con furia, pero nunca alcanzaba ningún objetivo.
-Muéstrate, cobarde. -gritaba, sin respuesta.
Una oscura noche, una sombra apareció a su lado y le susurró una frase lentamente. Lo que escuchó Lancelot era al Caballero del Olvido, pero esta vez Lancelot no eligió la baza de la violencia, sino que prestó atención.
-Si quieres vencerme, debes empezar por recordarte a ti mismo. -y se desvaneció.
Lancelot reaccionó y empezó a caminar rumbo a Camelot, con el fin de encontrarse a sí mismo. Al llegar a su querido hogar apreció algo distinto, las casas estaban derrumbadas y fuentes secas. A lo lejos pudo ver un niño jugando, se aproximó y se dedicó a escuchar sin ser visto. Hablaba de un caballero, que de algo le sonaba.
- ¿No recuerdo su apodo, algo parecido a “Lancelot, el desleal” cierto? -preguntó a alguien a lo lejos.
Al escucharlo, Lancelot se desmoronó al ver que todo en su cabeza empezaba a encajar. El Caballero del Olvido no era una sombra, era el mundo que seguía su ciclo sin él. Decidió tomar la decisión más difícil de su vida. Desenvainó su mítica espada, la plantó en el suelo, se posicionó y se dejó caer de rodillas sobre ella, acabando así con el dolor que sentía.
Obra de referencia:
Leyendas artúricas. Chrétien de Troyes.