Profesor: Sonia RodrÍguez
2º BACHILLERATO - Aula: B2A Alameda
Microrrelato:
Con un suspiro, Max se quitó las gafas de realidad virtual y vio la honesta y cruda realidad que se le presentaba. A su lado, Don Latino de Hispalis, sonriente y risueño, estaba atrapado en un avatar que veía un bonito atardecer en Madrid que, a su vez, ocultaba la basura y a los vagabundos que no podían permitirse una suscripción a iDream.
-¡Max, admira los colores de este paisaje!- decía Don Latino, gesticulando al vacío
-No hay colores, Latino, solo el recuerdo de lo que Madrid una vez fue- respondió Max, quien se dio cuenta que su ceguera era la única ventana a la verdad.
Caminaron por un Madrid donde los espejos cóncavos del Callejón del Gato no eran espejos que deformaban la realidad, sino que tenían algoritmos que devuelven una mirada retocada y simétrica. Max se paró enfrente de uno de los cristales y su reflejo era una mancha oscura y borrosa, un error del sistema.
-El Esperpento no es una distorsión de la realidad- reflexionó Max, quien sentía el suspiro de la muerte real, no programada, acechándolo.- Es apagar la pantalla y mirar nuestra propia cara desesperanzada y acongojada sobre el cristal oscuro.
Temblando por el frío de la madrugada otoñal, Max se sentó en las escaleras de un portal y, con un trémulo suspiro, sobre su cuerpo apareció una notificación: “Error del sistema detectado, ¿Desea reportarlo?”. Don Latino, recolocándose las gafas que con el software ocultan el cadáver de su amigo, le robó la cripto cartera y se alejó hacia la noche estrellada que el programa le mostraba.
En la central de datos un click borró la silueta de Max para siempre y el mundo volvió a ser perfecto, ilusorio y completamente falso.
Obra de referencia:
Valle-Inclán, autor de la generación del 98, autor de Luces de Bohemia, obra de teatro representativa del esperpento.