Profesor: Sara Jiménez Zabala
1º ESO - Aula: 1ESO
Microrrelato:
Desde siempre he sabido que tengo un poder. Pensé que mis visiones eran advertencias, pero, en la última, no cambió nada: veía con claridad cómo una máquina de metal con forma de columna subía y bajaba hasta el suelo, y, si te ponías debajo, te aplastaba. Pero eso no me daba miedo. Lo que me hacía de verdad sentir mal es que, mientras ese monstruo avanzaba, yo me quedaba inmóvil, como si fuese a aceptar mi destino.
Pero la visión siempre terminaba cuando la máquina estaba a punto de aplastarme.
La visión ocurría en un pasillo blanco y estrecho y en una de las paredes había un reloj que marcaba las seis en punto de la tarde. Y cuanto más intentaba olvidarme de ella, con más nitidez la veía.
Tenía miedo, no quería que mi vida acabase así. Todos los días a las seis de la tarde me quedaba en casa arropada en una manta, sin hacer absolutamente nada.
Un día de esos, estaba en el sofá y empecé a marearme. Me dolía tanto la cabeza, estaba tan estresada y confundida, que me quedé dormida sin darme cuenta y en la misma visión pude ver una persona. No sabía quién era ya que no se veía con claridad, pero me resultaba algo familiar. No hacía nada, solo miraba atentamente cómo avanzaba la máquina que iba a aplastarme.
Me desperté.
Estaba todavía en mi casa, y el reloj ahora marcaba las siete. Me tranquilicé pensando que hoy no iba a morir y quise salir a dar un paseo.
Salí a la calle y, de repente, estaba en el mismo pasillo que en la visión. El reloj marcaba las seis en punto y había una gran máquina decidida a aplastarme…
No me quise mover, y el monstruo avanzaba, la persona observaba…
Y entonces me desperté.
Obra de referencia:
DANGANRONPA