Profesor: Sara Jiménez Zabala
2º ESO - Aula: 2ºESO
Microrrelato:
Terminé de dar la mano a la sombra, la sombra sonrió y se dejó ver unos dientes afilados como los de un tiburón. Pensé que no sería nada que una sombra de aproximadamente dos metros me siguiera y que solo yo la viese, ya que si la gente me veía hablar con ella me tomarían por loca, y yo no quiero eso.
Empecé a acostumbrarme a la sombra ya que me hacía no sentirme sola. Siempre le iba preguntando cosas que me inquietaban. Por ejemplo: “¿por qué cuando estoy en clase siento la sensación de que no estoy en el cuerpo correcto? ¿Por qué siento que mi mente no piensa y solo hay una parte de mi celebro capaz de pensar a esa velocidad?”
Algunas veces ni me respondía o, simplemente, me decía con su voz áspera: “querida, tú eres especial”. No sé qué podría significar eso, tal vez era diferente al resto de chicas o chicos.
Estaba en el instituto mientras la sombra no paraba de verme, como siempre, yo solo prestaba atención a la explicación. La sombra se hartó y se fue. Yo suspiré y seguí copiando en el cuaderno, aunque sí tenía ganas de ir a ver qué hacía. Sonó el timbre y me dispuse a recoger mis cosas, ya que me iba a casa. Caminaba hacia el bus que acababa de salir, suspiré y me senté en un banco cercano, me dolía la espalda y no paraba de pensar en la sombra: “¿dónde había ido?”. No paraba de preguntármelo. Me levanté y vi un humo salir en las afueras, fui corriendo y me encontré a la sombra, parada en mitad del caos. Se acercó, me extendió la mano y me dijo: “Ven al infierno conmigo, Lilith. Te convertiré en mi reina”.
Obra de referencia:
El príncipe cruel, Holly Black.