Profesor: Irene Luque Vaquero
2º ESO - Aula: 2º A ESO
Microrrelato:
- ¿Solo un ocho?
Eso fue lo primero que me dijo mi padre cuando le enseñé mi examen de matemáticas. Me había esforzado mucho y lo único que esperaba oír era una simple frase. Estoy muy orgulloso de ti. Pero esa frase nunca llegó. Las matemáticas siempre habían sido mi punto débil, y trabajaba mucho para poder conseguir ese resultado y satisfacer a mi padre. Mi padre era muy perfeccionista y le encantaban las ciencias, sin embargo, a mí me gustaban las letras. Y por eso, yo siempre había sido una gran decepción para él. Estaba cansada de la misma historia de siempre. Y no sabía si podría seguir aguantando más. Después de escuchar el tono de desaprobación en su voz me fui a mi habitación y me sentí mal conmigo misma. Esa era la sensación que siempre me provocaba mi padre. Me hacía sentir que nunca rozaría su ansiada perfección y que no me había esforzado, aunque eso no fuese verdad. Era sobre todo en esos momentos, cuando sentía más la pérdida de mi madre, cuánto la echaba de menos. Pero esa vez las cosas no se iban a quedar así. Yo ya estaba cansada de siempre la misma historia, así que me limpié las lágrimas y salí de mi habitación para decirle a mi padre que dejase de tratarme así. Como siempre, él no le dio gran importancia y pensó que era “una simple rabieta” y que se me iba a pasar. Harta de su comportamiento, solo se me ocurrió una opción. Irme a vivir a casa de mi abuela, así que hice las maletas y salí de casa sin ser vista. Necesitaba salir de esa casa en la que solo se apreciaba la perfección y yo solo quería ser feliz, aunque no fuese perfecta.
Obra de referencia:
Relatos hiperbreves (edición de Clara Obligado) y cuentos de Cortázar y Monterroso.