Profesor: Irene Luque Vaquero
2º ESO - Aula: 2º C ESO
Microrrelato:
Era un invierno frío y duro. Del monte bajaban los aldeanos con poca comida, pero con una sonrisa. En las cestas no había casi recursos no había ni naranjas, ni pomelos, ni fuerzas para los aldeanos para seguir. No había nada, ya no quedaba nada y los aldeanos cada vez se iban apagando más. Era extraño este suceso ya que era la tierra más roja de todas, la tierra más grande de todas, la tierra que hasta ahora pensábamos que era la más sonriente. La tierra estaba enferma y se iba muriendo lentamente, los aldeanos no podían hacer nada, solo estar con ella en aquellos últimos días. Finalmente, la tierra murió y los aldeanos incapaces de mantenerse de pie cargaron con todas las bolsas y marcharon a otra tierra, pero esa nueva tierra no era la misma, no tenía alegría, no tenía gracia, no era igual que la anterior tierra era una más a las demás, no era especial, no tenía el mismo poder que su tierra con la que algunos aldeanos habían dado sus primeros pasos y sus primeras palabras. Lo único que podían hacer era llorar. Pero había un aldeano que notaba algo en el corazón, como una luz. Se reunieron todos los aldeanos y ¡todos sentían lo mismo! De repente todas las luces salieron disparadas creando juntas un dibujo en el cielo de la tierra donde habían crecido, y ahora les estaba sonriendo una última vez. Jamás olvidaron esos 30 segundos.. Luego las luces se separaron y volvieron al corazón de cada aldeano. La tierra ahora vivía en su corazón y esa luz estaba formada por su último aliento, su último latido y su última sonrisa que había decidido regalárselo a su familia, a sus amigos, a las únicas personas que se había sentido verdaderamente bien.
Obra de referencia:
Relatos hiperbreves (edición de Clara Obligado) y cuentos de Cortázar y Monterroso.