Profesor: Jorge Tomás Fernández Torres
3º ESO - Aula: 3 ESO D
Microrrelato:
Y así entré en Toledo: sin amo y sin cobijo. Encontré a un inquisidor.
Supe que al verle, no sería tan desafortunado como con esos avaros, el
ciego y el clérigo, y ese escudero que vivía en la miseria. Me llevó a la
Santa Sede de Toledo, donde fui recibido por el arzobispo, que me
felicitó por aceptar la servidumbre del inquisidor. Primero me
confesaron, le solté la misa al padre con tal de que tuviese buenas
impresiones sobre mí. Luego me dieron mullida cama y lujosa túnica,
me fui con el inquisidor, que resultó ser un imperdonable sádico. Me
fustigaba todas las tardes sin razón y me hacía pasar por los mil males.
Una cosa que le gustaba, era atarme a una camilla de astillada madera,
y descolocarme las cuencas de los ojos con un cucharón caliente,
mientras que otro verdugo me cubría la boca con un trapo y echaba
agua para ahogarme. Desdichado de mí, que era despojado de mis
ropas y sentía el frío toledano calándome los huesos, mientras un
insensato torturador creía de mi herejía. Las semanas iban pasando, y
el dolor iba cesando, los latigazos no escocían y las torturas no me
hacían agonizar. Y cuando me llevaban a la fría celda, sin la mullida
cama que me prometieron, me veía reflejado en un charco de agua
turbia, con la mandíbula desencajada, la piel pálida, y el cuerpo hecho
jirones de carne y víscera. Con el sentimiento de haberme convertido,
en un monstruo.
Obra de referencia:
historia basada en “Lazarillo de Tormes” (Autor anónimo)