Profesor: Raúl Mesa Baena
2º ESO - Aula: CRC 2ºESO A.2
Microrrelato:
Estaba en mi humilde morada, rodeado de Dios. Eran las seis de la mañana, las campanas ya estaban resonando por todo el monasterio, el áspero frío de un lugar de España cuyo nombre no quiero recordar, abrazaba el tenue calor del ya sobresaliente sol.
Todos los hermanos ya se dirigían a la capilla para realizar los primeros rezos. Salí, y mientras recorría el claustro me percaté del sonido de unos corceles. El abad fue alarmado a la portada principal del monasterio y ahí le esperaban unos hombres, de gran estatura, cutis curtido, de facciones marcadas con años de dura vida. Estos entraron de bruscas maneras y nos anunciaron a todos nosotros, hijos de Dios, que habíamos sido elegidos para defender nuestras tierras de los musulmanes, a partir de este instante éramos una orden militar.
Al próximo amanecer las campanas no sonaron igual, esta vez tenían un apagado resonar. Los hermanos iban con un triste caminar, pues ya sabían lo que ha de pasar, los cantos de medio día tenían otro tono, más serio y profundo.
Al día siguiente los guerreros volvieron, nos implantaron unas lecciones y nos suministraron material, pero nada de eso podía ganar al todopoderoso de nuestro Señor, por lo menos eso creía yo.
Dentro de unos meses los sarracenos llamaron a la puerta antes que nosotros, Jaén ya estaba tomada por los musulmanes y las ciudades limítrofes no tardarían. Los moros cada vez tenían más terreno y su economía crecía a velocidades alarmantes.
Una mañana como cualquier otra, nos despertamos estimulados por un estremecedor ruido, que provenía de la portada sur. Todos los hermanos recordamos las lecciones de aquellos mozos, que nos impartieron las enseñanzas de la lucha. Abrimos la puerta y ahí estaba la Orden de Calatrava, para advertirnos del retroceso de los sarracenos en Jaén.
Obra de referencia:
"Cuentos de horror" Edgar Allan Poe