Profesor: Raúl Mesa Baena
3º ESO - Aula: CRC 3ºESO A.2
Microrrelato:
La luz cegadora se expandió por todo el valle, solo un grito agudo, un lamento que parecía cortar el aire, se oyó antes de que la oscuridad lo engullera todo. La curiosidad de los hermanos los empujó a entrar en la mansión. La casa, con sus muebles cubiertos de sábanas blancas, parecía un cementerio de recuerdos.
Gaia se aventuró en una de las estancias, un antiguo salón de baile. En ese momento, un grito estridente, un eco del pasado, resonó en el aire. Pietro aterrorizado, corrió hacia donde había dejado a su hermana. Al llegar, se encontró con una escena escalofriante, Gaia ya no estaba. En su lugar, sobre la fría pared de piedra, una sombra, la de su hermana, se había quedado impresa, como un recuerdo petrificado. El pánico se apoderó de él y huyó sin mirar atrás. Al cruzar el gran salón, se topó con la puerta principal, pero la manilla no cedía, atascada como si una fuerza invisible la sujetara. Se giró y vio a una mujer, era el espíritu de aquella noche trágica. Su rostro era una máscara de dolor y su cuerpo, una presencia que se movía entre las sombras. Su figura emanaba una luz fría, como la de un rayo, y su grito, el mismo que se oyó aquella noche, resonaba en el aire, liberando toda la angustia de un alma atrapada en el tiempo.
El hermano sintió un terror helado que le recorrió el cuerpo. Su corazón, un tambor desbocado, se detuvo de repente. Su sombra, al igual que la de su hermana, se imprimió en la pared, uniéndose a la maldición de la mansión. El eco de los gritos se fusionó con la melodía de la medianoche, creando un coro de lamentos que recuerda a los vivos que algunas historias nunca mueren.
Obra de referencia:
"Cuentos de horror" Edgar Allan Poe