Profesor: Esther Acero
1º ESO - Aula: C
Microrrelato:
La cruda realidad
De repente Anna cayó de rodillas y por su mente pasaron todos sus recuerdos con el tío Julius como un túnel de luz. Recordó los momentos en el zoo, en su casa de Alemania, incluso pensó por qué no decidió quedarse con ellos. Su mente estaba en colapso mientras agarraba fuerte la pulsera que el tío Julius le había regalado por Navidad, aferrándose a ella como si así pudiera mantenerlo con vida.
Las lágrimas caían por sus mejillas, deslizándose hasta el suelo y escurriéndose entre las grietas. De pronto, la habitación estalló en gritos de su padre rogando para que Julius volviera, en llantos de su madre agotada por tanta desgracia. Su hermano solo aguantaba las lágrimas para hacerse el fuerte.
Anna, por un momento, sintió un cosquilleo de asco. Fue una sensación que nunca había sentido. ¿Odio? Sí. Era odio hacia Hitler y todos los que les obligaron a irse de Alemania. Odio a los que le prohibieron ir al zoo al tío Julius, odio a los que quieren deshacerse de los Judíos, odio a los padres que no dejan que sus hijos jueguen con ellos por su religión. ¿Es que acaso no somos humanos?, ¿no podemos sentir el calor de una familia?, ¿no podemos ser nosotros mismos ni ser de la religión que queramos?
Antes no le importaba, porque para ella ser refugiada era toda una aventura, pero ahora se ha dado cuenta de todo lo que sus padres habían pasado para traerlos hasta allí. Mientras disfrutaba de viajar por lugares desconocidos ellos trabajaban con ahínco para sacar adelante a su familia. De repente, algo dentro de ella hizo “clic” y se dio cuenta de que ese dolor que sentía era lo que en verdad significa ser refugiado.
Obra de referencia:
Cuando Hitler robó el conejo rosa, Judith Kerr