Profesor: Alberto Aguilera
1º ESO - Aula: 1B
Microrrelato:
Elías no decía que arreglaba relojes, sino que los curaba. Su taller era pequeño, lleno de madera vieja y olor a aceite, y siempre se escuchaba el tic-tac constante de los relojes, como si fuera un latido que hacía todo más tranquilo.
Un día de lluvia, una chica entró con un cronómetro bastante raro. No marcaba el tiempo normal, sino como si midiera latidos. Ella le explicó que se había parado justo cuando dejó de sentir asombro por las cosas. Elías no se rió ni se sorprendió, simplemente empezó a revisarlo con mucha atención.
Cuando lo abrió, no encontró ninguna pieza rota ni nada fuera de lugar. Lo único extraño era una pequeña mota de polvo dorado, que parecía más un recuerdo olvidado que algo real.
Entonces, mientras lo arreglaba, le dijo que muchas veces las personas van demasiado rápido por la vida, intentando hacer todo a la vez, y se olvidan de lo importante. Le explicó que no se trata de tener la agenda llena, sino de saber parar y dejar espacio para disfrutar los momentos.
Cuando terminó, el cronómetro volvió a funcionar con normalidad, pero también parecía que la chica había cambiado un poco. Como si hubiera recuperado algo que había perdido sin darse cuenta.
Al salir del taller, en vez de mirar la hora como haría normalmente, se quedó observando cómo la lluvia caía en los charcos de la calle. Era algo simple, pero le hizo sentirse bien.
Elías la miró desde dentro y sonrió. Sabía que había hecho algo más que arreglar un reloj.
Al final, la historia nos enseña que no contralamos el tiempo, y que lo más importante es aprender a disfrutar los pequeños momentos del día a día.
Obra de referencia:
Verano en el asteroide, de Manuel López Gallego