Profesor: Sonia RodrÍguez
2º BACHILLERATO - Aula: Alameda de Osuna
Microrrelato:
La vida se me escabullía por los resquicios de mi corazón agrietado, quería escapar, sentir otra vez la alegría de la juventud acariciándome las mejillas, notar mi pelo enredado bailar con el viento, sonreír sin que me doliese el alma. Quería volver a enamorarme de esa persona que me hizo sentir tanto que mi corazón parecía salirse del pecho cuando lo veía, esa misma persona que me hizo sentir tanto que mi corazón me condenó a amarlo a pesar de que me rompiera en mil pedazos.
Contemplaba ensimismada el hematoma que coloreaba de tonos rosáceos mi clavícula, recorrían cuidadosamente mi piel desnuda mientras lágrimas silenciosas se deslizaban por mis mejillas. "El bebé está bien Rosa, el bebé está bien" me susurraba mi subconsciente mientras me acariciaba el vientre. Escuché sus pisadas crujir la madera de la escalera y de un salto me coloqué delante de la cacerola vacía, aparentando cocinar un caldo. Cuando lo vi entrar por la puerta, un escalofrío me sacudió el cuerpo: el amor de mi vida apenas se podía mantener el pie de la cantidad de alcohol que corría por sus venas y sus ojos apagados eran propios de un animal salvaje. Todo sucedió demasiado rápido, contempló la cacerola vacía y enfurecido, se abalanzó ferozmente sobre mí, mientras me gritaba barbaridades. Yo le besé intentando apaciguar sus impulsos, suplicándole entre llantos desconsolados que no me hiciese daño, pero lejos de escuchar mis plegarias, él me apuñaló con tal odio que apagó mi vista.
Al despertarme, contemplé la mancha de sangre que teñía de rojo la baldosa y de mis pulmones se escapó el grito más ensordecedor que humano jamás haya escuchado, el grito que se escapa del alma cuando te das cuenta de que has perdido la oportunidad de ser madre.
Obra de referencia:
Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo, obra de teatro existencial con personajes emblemáticos como Rosa y Pepe, en los que se basa este relato.