Edición 2022/2023
Profesor: Leonor Novoa Gil
4º ESO - Aula: Clase 10f 2 Colegio Alemán
Microrrelato:
Abrí los ojos. Los rayos de sol, que entraban por los huecos de mi persiana, deslumbraban mi cara. No me hubiese importado no abrirlos. Él ya no está aquí, y yo me siento vacía. Solo la idea de no volver a tocarle me aterra. Abrir los ojos significa tener que lidiar con el hecho de no volver a ver su pelo, su sonrisa y la manera de mirarme haciéndome saber que era suya. No poder volver a sentir cómo me tocaba y rodeaba mi cuerpo con sus brazos y me hacía sentir segura. Todos esos recuerdos recorrían de mi cuerpo volviéndome incapaz de levantarme. «¡Melibea, baja a desayunar!». Mi padre no sabía nada de lo ocurrido, no podía contar con él. Agarré el móvil, ni una llamada. Me sentía tan sola, en este pueblo nadie hace nada sin recibir algo a cambio. Prefería afrontarlo sola. Bajé las escaleras y mirando los escalones me pregunté qué pasaría si rodara escaleras abajo, curioso. «Buenos días» dijo mi padre, yo me limité a sentarme y contemplar mi plato. Mi estómago estaba cerrado. Los minutos parecían horas, no aguantaba más ahí sentada. Subí corriendo a mi habitación para distraerme, para dejar de pensar que el amor de mi vida se había ido, para evitar el hecho de que no volvería a verle, a besarle, a sentirle. Cogí uno de mis libros favoritos, pero al empezar a leer fue inevitable no acordarme de Calisto. Me senté en el alféizar de mi ventana, que da al jardín, vi a mi madre saludarme desde abajo. Le di muchas vueltas en mi cabeza al accidente y a como hubiesen salido las cosas si hubiesen sido diferentes. Vi a mi padre salir al jardín con mi madre, le miré con los ojos empapados en lágrimas y me dejé caer.
Obra de referencia:
Microrrelato basado en la obra vista en clase La Celestina de Fernando de Rojas