Edición 2022/2023
Profesor: Cristina Marchante Urgaña
3º ESO - Aula: 3ºESO-A
Microrrelato:
Parecía nervioso. Debía aparentar nerviosismo, nadie podía sospechar siquiera que tenía un plan. Aun así, lo parecía simplemente porque lo estaba. A pesar de toda la ayuda que había recibido, la aberración a la que se tendría que enfrentar tenía que morir por su mano y habilidad, que, aunque no pequeña, no le parecía suficiente.
No obstante, su excitación no era excusa. Tenía que entrar y detener aquellas muertes absurdas. Así que atravesó el portón, y en cuanto lo cerraron ató a una columna el largo y resistente ovillo de lana roja que había escondido entre sus ropajes.
Caminó sin ver ni rastro de aquella horripilante criatura a la que buscaba. Vagó durante horas, hasta los corredores más oscuros y lejanos y, de pronto, tropezó. En el suelo había algo esférico y duro. Un cráneo, acompañado por el resto de su esqueleto. Pero de él sobresalían cuernos. Teseo sabía perfectamente qué era. Pero era imposible. Algo tenía que haber acabado con las ofrendas anteriores. Y ese cadáver llevaba ahí mucho tiempo, juzgando por su deplorable estado. ¿Pero entonces cómo?… Solo había una explicación. Era horroroso pensarlo. Pero debía ser cierto, porque allí yacía el Minotauro, y aun así todos los niños que se seleccionaban para alimentarle habían muerto.
Caminando por pasillos laberínticos hasta caer exhausto, y después la muerte… No quería pensar en ello. Ahora, su deber era salir y contar… ¿la verdad? ¿Alguien lo creería? E incluso así, ¿cómo podría decirle a nadie que la muerte de su hijo, hermano, amigo o amante había sido en vano? No podía. Debía decir que el valiente Teseo había matado al Minotauro, devorador de niños, y que aquella matanza sin sentido había acabado. Nadie sufriría más, él quedaría como un héroe, y la verdad se la llevaría a la tumba.
Obra de referencia:
Inspirado en el mito de Teseo, del libro Mitos griegos, de María Angelidou.