Edición 2022/2023
Profesor: Diego Gil Zarzo
4º ESO - Aula: 4ºC
Microrrelato:
LA REGENTA ANA
Ana, sentada junto a la tumba de su marido, ya no rezaba, ya no importaba. Todo por lo que ella había orado se desmoronó a causa de un representante del Dios que tanto apreciaba. El cielo nublado dejaba pasar un destello de luz que iluminaba su hermoso rostro el cual dejó de brillar tan rápido como caía un rayo. Ella estaba envuelta en soledad, lo único que hacía al sentarse en la tumba de Don Víctor era saciarla, nada más.
Volvió a tronar.
Posada en la losa de mármol, había una navaja punzante que era iluminada por el último rayo de sol tanto como su rostro, el reflejo de esta luz solo la molestaba. Ana, contemplante, con una inexpresión pura, sujetó la navaja flojeando la mano.
Calló una gota.
Estaba lloviendo.
Su mano se tensó, deslizó su pulgar sobre la navaja e hizo un pequeño corte en la superficie de su piel. Ana levantó su brazo y mientras la luz del verano se desvanecía una gota de sangre calló en su rostro junto a la lluvia que tanto odiaba. Su cuerpo temblaba débilmente y en un cerrar de ojos, ella se había apuñalado el hombro, ese mismo hombro que Don Víctor una vez había tocado. Sus ojos empezaron a llorar y su voz temblorosa empezó a gritar. Seguidamente se apuñalo de nuevo ese hombro que Don Álvaro Mesía una vez había tocado. Ana chilló desesperadamente y volvió a apuñalar ese hombro que Don Fermín de Pas esa precisa vez tocó, con desprecio, con asco, como si nunca la hubiera querido, como si Dios no predicara la empatía.
Y por último, con un inmenso dolor Ana apuñaló ese corazón soñador que la había acompañado. Y sentada junto a su marido, la Regenta tiñó de rojo su blanco vestido.
Obra de referencia:
Me interesé mucho por La Regenta de Clarín en las clases de literatura. Su carácter realista y su descripción precisa me cautivaron. Decidí escribir una breve continuación del final de la novela.