Edición 2021/2022
Profesor: Isabel López Antón
1º ESO - Aula: 1º A
Microrrelato:
Los niños del maizal
El pequeño pueblo de mis abuelos. Siempre traía buenos recuerdos. La brisa de verano, el sol ardiente, las gotas de rocío de las hojas sobre mi piel y el tacto de la hierba en mis pies descalzos. Al llegar la luz del crepúsculo, bajo un gran árbol, me tumbé plácidamente. Sentía el césped haciendo cosquillas a mis brazos y piernas. Las hojas mojadas y verdes eran puro placer para mí. Era tal el gusto que sentía que me fui quedando dormida. Cuando los ojos se me cerraban como cremalleras, desde debajo de la tierra brotaron unas enredaderas que, agarrando mis extremidades y parte de mi cara, me arrastro hacia las profundidades. Las garras de la madre naturaleza me soltaron en un mundo extraño:
El cielo era del color de la ceniza, los prados parecían tejidos de plata y creo que podría perderme en los maizales que allí había, maizales del color de una mina de lápiz, del color del grafito.
Decidí adentrarme en aquellos extraordinarios maizales donde la niebla cegaba y las mazorcas entorpecían el paso de los que allí se aventuraban. Perdida en aquel laberinto del maíz, encontré a unas criaturas parecidas a unos niños, o más bien, representaciones de niños dibujadas con carbón por un crío de cinco años. Con ellos jugué al escondite inglés, escalé árboles, salté a la comba... Pero ya no era igual:
La hierba se sentía como papel de lija, las gotas, que caían fuertemente, eran molestas y, sobre todo anhelaba hablar con alguien. Esos monigotes que pasaban por niños no tenían boca. Solo emitían sonidos inhumanos al tratar de hablar. Un día no pude más y me eché a llorar. Pero no eran lágrimas lo que caía en mi rostro, sino las gotas de rocío que marcaban mi despertar.
Obra de referencia:
Alicia en el país de las maravillas