Edición 2021/2022
Profesor: Esther Baamonde
1º ESO - Aula: 1º B
Microrrelato:
El semáforo trabajaba en la avenida más grande de todo Madrid. Aquella calle tan larga y transitada era muy bonita, pero el semáforo ya la tenía muy vista. Cada día y cada noche la veía mientras cambiaba de color. Se replanteaba si realmente quería pasar el resto de su vida así, en ese círculo vicioso formado por el rojo, el verde y el ámbar. Con esa duda en la cabeza y ese anhelo de libertad pasaban los días de aquel semáforo. Nunca había nada nuevo. Hasta que una mañana de primavera, de esas en las que el sol está contento y las flores le sonríen, un pajarillo se apoyó en el semáforo. Le contó que volvía de un largo viaje de allá por donde el calor reposa en diciembre. El pájaro volvió al día siguiente. Le narraba historias maravillosas que nunca habría imaginado. Una vez le contó que había estado en el triángulo más grande del mundo, que se hallaba en un mar de arena. Era tan alto que, una vez al año, el Sol y la Luna se apoyaban en su punta para darse un beso, fugaz, travieso. Luego, volvían a su lugar y esperaban con ansias al año siguiente. Eso hizo el semáforo el día que el pajarillo no volvió, esperar. Hasta que se dio cuenta de que no regresaría. Se replanteó si valía de algo ver pasar a cientos de personas mientras él permanecía allí fijo, sin avanzar. Ansió tener las alas de su amigo, poder volar, ser libre. Solo se había sentido así imaginando a rienda suelta las historias que le contaba aquel pájaro. Esa era la única forma, soñar despierto. Comenzó a soñar y a imaginar y fue libre. Voló estando anclado al suelo. Voló con esas alas que él mismo se había construido. Voló.
Obra de referencia:
El príncipe feliz, Óscar Wilde